jueves, 2 de junio de 2011

Buey o vaca vieja

Carnes que importamos de Holanda, Alemania o Irlanda, paises en los que apenas se consume, y aquí valoran tanto y mayoristas incultos, aldeanos, dicen que nuestra carne no es buena. Tal vez haya que preguntarse por qué importamos esta carne cuando la nuestra la destinamos a la exportación a paises ricos.
Pues, muy señor o señores míos, estos animales si que tienen sabor, naturalmente, porque tienen grasa, yo diría que exceso de grasa, yo diría exceso de colesterol. Para el placer de comer, ya se sabe, cuanta mas grasa mejor, cuanto menos se mueva el animal, mejor.

Mi pregunta es cuántas vacunas, antibióticos y demás tienen estos animales que en sus propios países de origen no los comen, en Alemania hacen salchichas con la carne desgrasada, no se comen los chuletones. Pero aquí hay algún ignorante mayorista que compra carne barata y la vende cara: me parece mentira que, como hace entender en un comentario publicado hace unos meses en la prensa asturiana, uno de nuestros grandes chefs como Juan Mari Arzak, que cuenta en su plantilla con químicos y biólogos, la consuma.

Este ignorante y sus consumidores nos van a llevar a las cavernas, comiendo carnes llenas de grasas (colesterol) y además a la piedra, en vez de usar aceite de oliva derriten la propia grasa para facilitar la degustación.

Me hace mucho daño que por el interés comercial se critique a nuestra magnífica carne de las montañas, ¿menos sabrosa?, tal vez, pero más saludable y exquisita para paladares actuales. Terneros que crecen en libertad, se mueven y comen hierba de altura, no piensos que facilitan la acumulación de líquidos para el engorde, no sirvan para comer. En las ferias gallegas hacen "caldeirada", simplemente cociendo las carnes de ternera en agua durante horas a fuego lento, sin sal, y el resultado es magnífico, lo que sería imposible si el contenido en grasas fuese elevado.

¡Tócate los cojones! por esta regla en vez de lechal terminaremos comiendo oveja...Tal vez sea una solución (un poco drástica) para la crisis, de una longevidad de ochenta años pasaremos a morir a los cincuenta víctimas del colesterol y sus distribuidores.

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